PROMESA DE VERANO

Hoy fue el día más corto del año. Hoy fue el solsticio de invierno y nuestro hemisferio se ubicó en su punto más alejado del sol de todo el ciclo. Ha llegado el invierno, ¡¡al fin la lluvia!! y los fríos, las heladas, las tardes cortas y las escarchas. Todo se trata de una promesa infinitamente reiterada e infinitamente cumplida, de un devenir circular, de un dormir para después despertar.

El verano ahora parece tan lejano y muchos son los que lo anhelan, aunque olviden sus calores endemoniados y su sol quemante. Recuerdan, más bien, sus frutas carnosas y jugosas, sus brisas de seis de la tarde, sus noches estrelladas y plácidas, sus atardeceres a las 9, sus tardes en el estero, sus duraznos, sus sandías y sus melones, sus tomates de potrero y los fondos llenos de humitas. La abundancia, la fiesta de los colores y olores frutales, el frescor de la anochecida. Tan lejano parece todo aquello, y sin embargo tan cercano que está. En la tierra húmeda por la lluvia, en el barro de los nuevos sembrados, bajo la escarcha y la helada del cielo estrellado, se incuba la semilla del verano, de las brisas de atardecer, de los porotos graneados y de las sandías a media tarde.

Imágenes de la verdulería Adán (Rabuco)

En Ocoa, hoy es invierno para que mañana sea verano.

 

LLUEVE EN OCOA

Al fin lluvia sobre el valle de Ocoa.  Al fin el valle comienza a decirle adiós a la larga y triste sequía. Al fin el verde volverá a los cerros, el agua a los canales y pozos, los colores a los jardines, la tranquilidad a la mente del campesino.

las nubadas cayeron gustosas todo el día de ayer y por momentos de hoy. el olor a tierra húmeda lo llenó todo. el color de los infinitos verdes abrumaban la vista

y al final del día, siempre un arco iris que nos hace recordar el ancestral pacto de que el sol y la lluvia, juntos, son la fuerza de la tierra

PANAMERICANA EN OCOA (02)

Ingreso al túnel La Calavera desde Las Vegas. Al otro lado, después de la oscuridad, OCOA EXISTE.

 

Entrada a Ocoa desde el este

La entrada a Ocoa desde el este, desde Las vegas y Llay Llay, es contundente y hermosa. Impactante a la vista. La carretera Panamericana ha venido encajonándose entre el cerro arisco y el serpentiante río Aconcagua. Unas palmas y unos versos de Gabriela Mistral anuncian la inminente llegada a nuestro lugar en el mundo y ante el choque inevitable con La Calavera, loma hecha de roca pura, la carretera ingresa en el antiguo túnel La Calavera, breve, húmedo y oscuro, pues no tiene luz artificial en su interior. La oscuridad, entonces, da paso a la luz. El valle se abre nuevamente y la estrechez de solo 200 metros antes no existe. Ocoa aparece en todo su esplendor, verde, vasto, bello.

Homenaje a la Palma Chilena hecho por Autopista del Aconcagua

Túnel La Calavera desde oeste a este

Vista del valle de Ocoa desde el Túnel La Calavera, Panamericana Norte

Vista de la Panamerica Ruta 5 Norte cruzando el valle de Ocoa

La vieja y gloriosa línea férrea cruza la Panamericana por un paso bajo nivel a la altura de La Calavera